Renaixement, Humanisme i Reforma religiosa

En aquestos articles del diari trobarem algunes claus per comprendre què va significar per al cristianisme la Reforma protestant. Segles després continua el cisma que es va iniciar al Concili de Trento.

Siglos separan a anglicanos y católicos

 23 de marzo de 2013

La renovación de los jerarcas de dos de las más importantes Iglesias cristianas del mundo, la católica y la anglicana, ha venido a coincidir en un momento en que las confesiones de Occidente viven tiempos de creciente desafección. El papa Francisco (que asume el pontificado romano tras la sorprendente renuncia de Benedicto XVI) y el nuevo arzobispo de Canterbury, Justyn Welby, comienzan su trabajo cuando el 16,3% de la población mundial no se identifica con ninguna de las religiones existentes, según un reciente estudio del think tankestadounidense Pew Center.

Aparte del tamaño (hay más 1.000 millones de católicos y unos 80 millones de anglicanos), muchas cosas separan a ambas confesiones cristianas: por ejemplo, el celibato que han de cumplir los curas católicos no pesa sobre los anglicanos. Sin embargo, los retos de Francisco y Welby gravitan en torno a los mismos temas: la homosexualidad, el papel de la mujer o los escándalos de abusos.

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El pastor ejecutivo, por WALTER OPPENHEIMER

Justin Welby, arzobispo de Canterbury, ha de afrontar el papel de la mujer en la Iglesia angilcana, cuyo ascenso parece inevitable.

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Una viña devastada, por JUAN G. BEDOYA

Francisco, papa de la Iglesia católica, tomará medidas para recuperar el prestigio perdido, aunque no se esperan cambios doctrinales.

L´elecció d´un nou Papa jesuïta ens ajuda a relacionar els continguts de la unitat didàctica amb el present. La Companyia dels jesuïtes va ser fundada per Ínigo de Loiola al 1540 com a resposta a la reforma protestant inspirada per Erasme de Roterdam i portada a terme per Luter. L´autor defensa que el nou Papa no suposarà canvis doctrinals sinó únicament únicament una major sensibilitat social.

Una viña devastada

No se relajará el celibato, pero se acentuarán los trabajos sociales

 Madrid, 23 de Marzo, El País
El papa Francisco. / SCIAMMARELLA

“Háblame de tú, como solemos hacer los jesuitas”. Así comenzó Francisco su conversación con el prepósito general de la Compañía de Jesús, el español Adolfo Nicolás. La entrevista la gestionó el Papa llamando él mismo a la portería de la residencia de su superior jesuita. Era el único teléfono que tenía de la orden desde que, hace décadas, se agriaron sus relaciones con el mítico padre Arrupe a cuento del liderazgo jesuítico sobre la teología de la liberación, que Juan Pablo II y Ratzinger, castigaron sin misericordia. Bergoglio tuvo que lidiar en Argentina con sacerdotes de su orden metidos peligrosamente en política. Tampoco sentó bien que aceptase ser obispo, en una congregación poco amiga de cargos. Pelillos a la mar. Francisco quería amigarse con su prepósito general. “Por favor, quiero hablar con el padre Nicolás”, dijo al teléfono. El portero: “¿De parte de quién?”. “Soy el Papa”. El portero lo tomó a broma y pasó la llamada a un jesuita que pasaba cerca, para que lidiase al bromista.

El carisma de la Compañía de Jesús va a marcar este pontificado. Francisco, austero, espartano, puritano, es la viva imagen de Ignacio de Loyola, que cuando estudió en París coincidió con Erasmo y Rabelais en el Collage de Montaigu, un ruinoso caserón donde la comida era repugnante, los dormitorios hedían a orina y abundaban los castigos corporales. Erasmo detestaba el lugar. Rabelais quiso incendiarlo. Ignacio recordó con agrado el tiempo que pasó allí. Son reflejo de una de las divisiones del siglo XVI: humanistas frente a puritanos.

¿Un puritano en el Vaticano, donde brillan la soberbia y los oropeles? No le será fácil a Francisco acabar con tanto boato. Tomará medidas para recuperar el prestigio perdido, pero no hará cambios doctrinales. No habrá ordenación de mujeres, ni se relajará el celibato de los sacerdotes, ni se tolerará el matrimonio entre personas del mismo sexo, ni se rebajará la intransigencia ante la ciencia que avance más allá de la bioética tridentina. En materia de disciplina eclesiástica y de moral sexual, Francisco es Benedicto XVI. Eso sí, acentuará lo social. Y se notará un cambio geoestratégico. “Ya no será Europa quien gobierne la fuerza espiritual más grande del mundo, con su derecho, su teología, sus ritos y su pensamiento. Vienen aires de la otra parte del mundo”, opina Juan Rubio, director de Vida Nueva y que publica estos días La viña devastada, un madrugador libro sobre lo que se espera de este Papa. Rubio ha conversado muchas horas con Francisco, que apadrinó en octubre pasado la edición argentina de su publicación con un bello discurso sobre “el cansancio de una Iglesia que está perdiendo la ternura”. Contento de “poner cara” a un escritor que lee cada semana, Bergoglio pidió a Rubio: “No me saques mucho. Ya soy un jubilado”.

Este pontificado tendrá consecuencias para España, antaño luz de Trento y martillo de herejes, ahora laboratorio de un laicismo radical. Aquí nació la Compañía de Jesús, pero también el Opus y los Kikos. Francisco, informado por los obispos, escucha, además, sectores eclesiales ninguneados, pero no doblegados por quienes se creen dueños de la Iglesia romana. Trabajando contra marea ante obispos entregados a los nuevos movimientos, esperan cambios. Se producirán pronto en la Conferencia Episcopal, en manos del cardenal Rouco, a punto de cumplir 77 años. Y poco más.

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